El futuro ya llegó
Estamos en el siglo 21, tan lejos de los tiempos de los Edison, los Pascal los Bell, que nos es imposible imaginar la vida sin energía eléctrica, sin calculadoras o sin teléfonos. Es que nos acostumbramos tan rápido alas nuevas tecnologías que, casi sin darnos cuenta, la internalizamos y ya no podemos “sobrevivir” sin ella. Hoy hay miles de ejemplos, basta con mencionar que con una llamada desde cualquier lugar del planeta se pueden enviar fotos por teléfono celular transmitir “en vivo, directo y simultaneo” las sensaciones más diversas”. Sin interrupciones, las imágenes capturadas aparecen en la pantalla del otro teléfono tan rápido como sus comentarios y, como se dice, “una imagen vale mas que mil palabras”.
Teléfonos celulares con cientos de funciones, cámaras de fotos digitales con mejores prestaciones que las tradicionales, atractivos reproductores personales de música(una variación del viejo discman y del prehistórico walkman, ahora tan pequeño como una goma de borrar y con la posibilidad de almacenar miles de temas), y una combinación de todo: celulares con música, reproductores con cámara, teléfonos con cámara, teléfonos con TV, etcétera, etc.
Y un detalle que no es menor: la lista es tan amplia como la rapidez con la que se desactualiza, ya que es muy probable que cuando se este leyendo este articulo, la nueva atracción sea alguna nueva “joyita” de la tecnología que todavía no “salió”, pero que seguro ya esta inventada y espera su turno para rodar por el mercado.
Esta nueva era es como dice Castells: la era de la información, donde los cambios se tratan de tecnologías que facilitan a escalas impredecibles el acceso a la información y la comunicación humana.
Por Nicolás Sáez

Ún día del hombre del futuro: hoy, a alguna hora, entrará a un bar porque quiere hablar con un ser humano. Si. Porque en lo que va del día sólo oyó hablar a su casa (vive en un chalet inteligente), a su computadora, a su celular, a su robot-valet. Que debe tener un chip quemado, porque le sirvió el café frío. Ahora compra una revista de ingeniería genética. Lee: "Ya se producen animales, plantas y alimentos en el desierto". Sube a su auto, que también le habla:"El cinturón, Carlos, el cinturón". La jornada fue agotadora: no tuvo ni cinco minutos para navegar por internet, pero tal vez mañana...¿Y esta noche? Cine en casa. Pero con una condición: si la película es triste, le cambiará el final. Cuando apaga la luz y empieza a dormirse, agradece ser joven. Porque sueña con unas vacaciones en la Luna...
Reflexión: ¿Qué elegimos? ¿El pasado, el presente o el futuro?
Laura Huenchur